Superada la barrera de los treinta, me apetece rememorar esos grandes momentos vividos en una infancia y adolescencia más que feliz, donde, he de reconocer, tuve más de lo que pude llegar a desear. Una época, que vista con perspectiva, me atrevo a tildar de inigualable, ya que he tenido la suerte de pertenecer a la que considero, es con diferencia, la mejor generación de la historia, los nacidos allá por los años ochenta.
El título del bloc, es una especie de homenaje a una parte de esa etapa, a la que no pocas veces me retraigo con el pensamiento. Recuerdo cuando salíamos después de merendar, y nos juntábamos con nuestras miniaturas de coches. Jugábamos a carreras, intentando mantener los coches por el pequeño margen de la parte exterior de la acera. Empujabas tres veces, e intentabas, sin salirte de él, adelantar al resto. Y así, entre empujón y empujón, se pasaba la tarde y llegaba la noche, donde había otro montón de cosas con las que entretenerse hasta la hora de recogerse. Y recuerdo, como si fuese ahora mismo, cuando uno de los del barrio, llegaba, y con un brillo delatador en los ojos, te decía: "Me he comprado un Majorette donde Graciano". Graciano era el estanquero del pueblo, su estanco era el único sitio donde se podían conseguir estas maravillas. El que lo tenía era el rey de la carrera, sin duda, porque, como solíamos decir, zurrían un montón, hasta el punto que a veces, con un solo empujón, lograban avanzar más que el resto después de tres, y sin desviarse un ápice.
Y bueno, no se si es el mejor recuerdo de mi niñez, pero si está claro que es primero que me asalta la cabeza cada vez que recuerdo aquella época. Pero hay muchos más, desde luego, que iré desgranando en este blog cada vez que tenga un rato para sentirme genial pensando en aquellos años.
Espero que sea de vuestro agrado, y de antemano, muchas gracias por estar ahí.
David Gallego
